¡Hola! Por tiempo limitado mi novela va a estar disponible en formato digital de manera GRATUITA. Hasta el día 26 estará en amazon kindle sin coste adicional, aunque pueda descargarse en todo tipo de dispositivos.
https://www.amazon.es/El-rompecabezas-mec%C3%A1nico-Roc%C3%ADo-Lobo-ebook/dp/B01HIZS5JW
Un saludo.
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miércoles, 23 de noviembre de 2016
jueves, 28 de julio de 2016
Noticias, noticias, noticias
Cuando El rompecabezas mecánico salió en edición digital, lo hizo para
estar solo disponible en e-readers y en principio iba a ser así
definitivamente. Pero hasta que no estuvo disponible no fui consciente de la
cantidad de personas que se niegan a leer algo que no esté en papel y lo cierto
es que eso me ha dejado impresionada. Sé que todos pensamos que la población
española es una que no lee (digo española porque es la que me queda cerca),
pero me niego a creerlo. Y estoy dispuesta a dirigirme a esos lectores que
necesitan sentir el papel entre los dedos y el peso de un buen libro para
alejarse del mundo. Por eso, ¡¡El rompecabezas mecánico estará disponible
también en papel en 4 meses!! Todavía no tiene fecha de lanzamiento como tal,
pero os avisaré en cuanto la tenga. Esta vez vendrá acompañada de concursos, de
booktrailer y otras sorpresas.
Las próximas entradas serán reseñas y reflexiones sobre la traducción
audiovisual. Dejadme vuestras sugerencias, opiniones y comentarios.
Un saludo.
P.D: Para quienes no sepan de lo que hablo, el primer capítulo de la novela está colgado en el blog y en mi cuenta de Wattpad.
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La dichosa novela,
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miércoles, 29 de junio de 2016
Primer capítulo de El rompecabezas mecánico
Aaron
El día que se mudó a Benedict, Inglaterra, sentí como si me diesen una patada en el estómago. El dolor se concentró en el lado izquierdo y mi hermano Peter, tres años mayor que yo, me insultó y se rió hasta darse cuenta de que no estaba bien, por lo que llamó a mi tía Agnes, que era enfermera. Ella siempre solía llevar uno de esos delantales horteras cuando estaba en casa y estaba obsesionada con coleccionar palitos de ambientador con olores «exóticos», que repartía por toda la casa.
- No tienes nada- dijo con su voz aguda, que para Peter y para mí tenía el mismo efecto que el sonido que hacía una pizarra al arañarla.
- Pero me duele - insistí y tras suspirar decidió llevarme al hospital. Me cogió del brazo para dirigirme hacia el coche como si hubiese perdido la facultad de andar y cruzamos la puerta que salía al jardín de nuestra casa, de tablas de madera pintada de un verde que la diferenciaba de todo el vecindario, que hacían que la gente la mirase intentando entender el porqué, cuando las cosas eran mucho más simples, a mi tío Mark no le gustaba el azul o blanco del resto porque decía:
- Primero cedes en esto y luego creerán que serás su esclavo. Vendrán a tu casa y robarán tu comida, tus muebles... Nunca seas el primero en rendirte Aaron.
Tendría 12 años, pero no era tan estúpido como para hacerle caso a un hombre que vivía del sueldo de su mujer y solo se movía del sofá para trapichear. Todos sabían que era el camello del condado, era un secreto a gritos. Además, aunque Agnes tuviese los agujeros de la nariz demasiado grandes y los ojos saltones, al menos no era obesa ni su olor a sudor te daba ganas de vomitar.
Al salir al jardín, me fijé por primera vez en el camión de mudanza. Junto a él, había una niña, de pelo corto castaño con un chaleco gris a la que no había visto antes. Solo tuve dos segundos de tregua antes volver a sentir ese dolor punzante, que hizo que la niña se llevase la mano a la boca y abriese mucho los ojos, mientras me arrastraban al coche y mi tía cerraba la puerta de un portazo.
Durante el camino, ni siquiera me dirigió la palabra y lo agradecí, porque no me apetecía tener que soportar que me recordase lo buena que había sido al acogernos, menos viniendo de una mujer con unos cambios de humor que volverían loco a cualquiera, causados por su obsesión por las pastillas adelgazantes experimentales.
El doctor de guardia, Robner, nos saludó a cada uno con un abrazo y me cogió en brazos hasta dejarme en la camilla. Tras una resonancia y palpar el foco del dolor, que era exactamente dónde se encontraba mi marca de nacimiento, decidió que tenía Apendicitis. Apendicitis.
- Estoy perfectamente- le gruñí porque era lo máximo que el dolor me permitía hablar. Estúpido apéndice. Solo sabía lo que era porque a dos chicos de mi clase se lo habían extirpado, pero eran del tipo que seguramente se lo hubiesen pateado mutuamente con el fin de no volver a clase en una semana. Espera, caí en la cuenta entonces de que no tendría que volver a ir al colegio en una semana y era mi último año en ese sitio, así que sonreí y las palabras que salieron de mi boca les hicieron a ambos fruncir el ceño, porque quizás vieron, si no lo habían hecho ya antes, el destino que me esperaba.
- Vacíeme entero para que no tenga que ir a ese agujero del infierno al que llaman colegio.
Tres horas y muchos tranquilizantes después, me dejaron en una cama que no estaba nada mal y me quedé dormido. Lo peor fueron los sueños que experimenté, con los mismos detalles que hubiesen tenido si fueran reales. Había una voz que me llamaba en mitad de un descampado oscuro, en mitad de la nada y que se materializó al final del todo, como una sombra, para empezar a hacerme después un gesto de que me acercase, con la mano, mientras su imagen parpadeaba. Yo negué con la cabeza y ella desapareció, reapareciendo de pronto frente a mí y cogiéndome por los hombros, transportándome a un despacho y dejándome caer en la silla en frente del escritorio, detrás del que se sentó.
- Siento todo el espectáculo, pero quería conseguir tu atención.
- ¿Quién eres? - le pregunté a la mujer mientras me fijaba en ella por primera vez. Llevaba un traje de chaqueta gris y sus ojos azules casi transparentes me analizaban de una forma que nadie lo había hecho antes, intentando averiguar si valía. Porque en un condado como el mío, nunca había nadie nuevo para tener una segunda impresión.
- Te equivocas, - me dijo, respondiendo a mis pensamientos - sí que lo hay y esa es la clave de todo. Hoy has despertado, estaba escrito que lo hicieses de una forma u otra, pero hemos tenido que interceder para que conozcas a tu compañera antes de tiempo.
- ¿Mi qué?
- Voy a explicártelo de una manera en la que lo entiendas. Hay personas normales y otros que tienen el equilibrio del mundo en sus manos, tú y yo somos de esas personas. Seguro que en alguna de tus clases te han explicado que este es el planeta Tierra.
- No soy estúpido -la interrumpí.
- Perfecto,- contestó sin humor - pues igual que existe nuestro planeta y el universo en el que se encuentra, hay millones de reproducciones del mismo, algunas parecidas y otras no. Y nosotros, la gente como tú y yo, hemos nacido con la capacidad y el deber de cuidar que las puertas que unen un universo y otro estén seguras y cerradas.
- Este es el sueño más raro del mundo.
- Si no me crees, cuando despiertes ve a la habitación de al lado, llama a la puerta y verás a Isabelle, tu nueva vecina, tendida en la cama por otro caso de apendicitis. - Niega con la cabeza, divertida - Tus médicos os han quitado un órgano solo porque no se han dado cuenta de que al estar cerca, ambos habéis despertado de manera anticipada.
Entorné los ojos y me crucé de brazos.
- ¿Y por qué ahora? ¿Por qué habéis «intercedido»? - odiaba su forma de explicar las cosas porque parecía querer restregarme su inteligencia.
Ella sonrió, al darse cuenta de que recordaba sus palabras.
- Las personas que iban antes de vosotros están muertas y eso me obliga a buscar alguien que os remplace hasta dentro de tres años, como está establecido. Pero necesito que cuando entréis en servicio, estéis preparados.
Yo también sonreí porque aunque todo pareciese una locura, había conseguido intrigarme, lo que no era tan difícil realmente.
- Ahora vete, busca a la chica. Ella y yo acabamos de tener esta misma conversación.
Antes de que pudiese preguntarle nada más, me echó del sueño y desperté de golpe en la cama. Al doblarme hacia delante, mi cuerpo recién salido de una operación me torturó con un dolor que no debería tener que volver a sentir. Después de todo estaba en el hospital para que me diesen drogas para el dolor o eso era lo que había dicho Peter cuando se rompió el brazo en un partido de rugby.
Después respiré hondo y abrí las sábanas, para levantarme lentamente y demostrarme a mí mismo que todo había sido un sueño.
Después respiré hondo y abrí las sábanas, para levantarme lentamente y demostrarme a mí mismo que todo había sido un sueño.
Avancé, con cuidado de no hacer ruido, y tiré del pomo hacia dentro antes de parar al oír la voz de mi tía desde la habitación de al lado. Negué con la cabeza para mí mismo, preguntándome por qué tenían que estar ahí exactamente y me quedé quieto para ver qué decían o si se iban.
- Seguro que mi sobrino y tu hija se hacen amigos, tienen casi la misma edad.
Soy capaz de hacer amigos solo, gracias.
- Sería genial, - contestó una mujer con voz dulce - Isabelle - me encogí en cuanto dijo su nombre - todavía no conoce a nadie y esta es la primera vez que se aleja de sus amigos.
- ¿Por qué no me cuentas cómo era la ciudad en la que vivíais mientras tomamos un café? - Le preguntó mi tía y me tensé sin querer al esperar la respuesta de la desconocida.
- Izzy, cielo, ¿estarás bien si me voy diez minutos?
La niña debió haber asentido, porque oí la puerta abrirse y cerrarse, al igual que sus pasos mientras se alejaban. Solo es una chica, me recordé y salí de la habitación para abrir su puerta lentamente.
Isabelle
Aaron Salzberg quería respuestas. Me miraba con los ojos entrecerrados y quizás esperaba que yo le dijese algo que Julia, la señora que apareció en mi sueño, no le hubiese dicho.
Y aunque los segundos seguían pasando él no decía nada.
- Aaron, ¿te pasa algo? - le pregunté para ver si así reaccionaba. Era el chico más raro que había conocido nunca.
Él dio un paso hacia la cama y se paró junto a mis pies.
- Isabelle - dijo mi nombre en voz alto y asentí.
Solo llevaba día y medio en ese pueblo y ya quería volver a casa. Al apartamento que teníamos en Madrid, España, el país en el que mi madre y yo habíamos nacido, pero el trabajo de mi padre nos arrastró a ese condado tenebroso y oscuro, rodeado de casas salidas de las películas de terror que siempre había visto a escondidas, mientras mis padres fingían no saber que me sentaba en las escaleras y miraba entre los huecos de mis dedos, lista para correr de vuelta a mi cuarto si tenía demasiado miedo. Harás cientos de amigos, dijo mi padre antes de venir, seguramente porque no sabía que no había tantos niños en todo Benedict. Al menos podía dar las gracias de que mis padres me hubiesen hablado en inglés durante toda mi vida, mi padre con su acento de Sussex y mi madre con el español, lo que me permitía mezclarme y entender a la gente del Norte de Inglaterra.
Sin querer, se me escapó un sollozo antes de que pudiese seguir fingiendo que estaba contenta de estar allí. Las lágrimas empezaron a resbalar por mis mejillas y bajé la cabeza para que quedase en cierta forma oculta por mi pelo corto. No obstante, él seguía mirándome, lo que me hacía sentir aún más incómoda y llorar con más fuerza.
Entonces le oí acercarse y me tocó el brazo.
- ¿Por qué lloras? - me preguntó serio.
Yo intenté apartar las lágrimas con las palmas de las manos, torpemente, mientras le miraba y me daba cuenta, por primera vez, de que sus ojos eran verdes y moteados. Si llevaba sorprendiéndome cada vez que miraba a alguien a los ojos era también porque procedía de un país en el que la mayoría de la gente, con pocas excepciones como yo y mi madre, que teníamos los ojos de un marrón verdoso, tenían los ojos oscuros.
- Da igual, - le contesté con demasiada brusquedad, teniendo en cuenta de que se estaba preocupando por mí y no me conocía. - Solo quiero volver a casa, no encajo aquí.
- Llevas un día, Isabelle.
- Izzy, llámame Izzy. Sí, lo sé, pero no conozco a nadie y llevo dos días sin ver a mi padre porque está trabajando y...
De nuevo, me puso la mano en el hombro para tratar de hacerme sentir mejor. Y así fue.
- Sí que conoces a alguien, seamos amigos. - Aaron fue a coger algo de dónde deberían haber estado sus bolsillos, pero entonces se dio cuenta de que llevaba todavía la bata del hospital y sonrió.- Cuando volvamos a casa te enseñaré el condado y verás que no es tan malo como parece, ¿vale?
Yo asentí tímidamente, tanto agradecida como avergonzada por haberme puesto a llorar como una niña pequeña. Entonces él se giró para volver a su habitación.
- Aaron, - le llamé y se giró, esta vez forzando una sonrisa - gracias.
Sin embargo, no me contestó y salió cerrando la puerta.
El crujido de la madera, me hizo pensar en la del despacho de mi sueño y, aprovechando que estaba sola, abrí la bata que llevaba, para ver mi marca de nacimiento. La toqué ligeramente con los dedos y cuando sentí que ardía, presioné con fuerza hasta oír un golpe desde la habitación de al lado. Miré hacia la pared sin entender, ¿por qué había hecho eso? Entonces apareció de la nada un dolor intenso en ese mismo lugar, justo donde me habían operado.
- Izzy - oí a través de la pared y salí de la cama para sentarme en la esquina- ¿has sentido eso?
- Sí, no lo entiendo.
- Todo saldrá bien, lo descubriremos.
Su voz comprensiva y sus palabras de ánimo me habían hecho sentir otra vez segura, por eso me quedé ahí hasta que mi madre abrió la puerta y me cogió de los brazos para ayudarme a subir de nuevo a la cama. Después me miró preocupada y me acarició la mejilla.
- Mamá, no vas a creer esto, - siempre le había contado todo a mi madre y esta vez no iba a ser diferente - una señora se nos apareció en sueños a Aaron y a mí, y tenemos que ayudar a mantener el orden de todos los universos que existen, y estamos conectados por nuestras marcas de nacimiento, y...
- Izzy, tranquilízate. - Bajó la mirada a su regazo y sonrió. - Me alegro de que te hayas hecho amiga del vecino, pero tienes que descansar, cariño. Cuanto antes te mejores, antes podremos volver a casa.
Mi madre no quería escuchar todo lo que había aprendido desde que llegamos, sin embargo, tenía razón y en menos de veinte minutos estaba dormida otra vez. En vez no soñé nada y me desperté sintiéndome decepcionada aunque contenta, porque justo entonces entró un médico en la habitación para decirnos que ya me habían dado el alta. Era un señor alto y delgado, con la barba corta y canosa, y gafas.
Una enfermera vino después a traerme mi ropa y en menos de veinte minutos ya estábamos en casa, igual que Aaron, porque el coche gris oscuro de su familia estaba aparcado en la entrada. Miré a mi madre y, sin decirle nada supo lo que iba a preguntarla y asintió, soltándome la mano para que pudiese ir a buscarle, además de hacer que no tuviese que pasar de nuevo la tarde sola con mis muñecas.
Subí las escaleras que llevaban a su entrada y llamé a la puerta, que abrió un adolescente que se parecía a Aaron, aunque sus ojos fuesen marrones y su pelo un poco más claro.
- Hola, soy la vecina de al lado. He venido a ver si Aaron ya estaba en casa.
Él me sonrió como solían hacer los adultos cuando creían que había hecho algo bien, haciéndose a un lado después, segundos antes de que Aaron viniese corriendo desde el interior de la casa, donde la luz iluminaba un largo pasillo aunque creando sombras, y me cortase el paso.
- Voy a enseñarle Benedict, dile a la tía que estaré aquí para la cena.
- No soy tu mensajero,- le contestó su hermano y cerró la puerta de un portazo.
Empezamos a caminar por la calle y estuvimos en silencio hasta que giramos la esquina.
- Voy a llevarte a un sitio en el que me escondo cuando no quiero estar en casa, ¿Quieres que te lo enseñe?
Isabelle
Como no tenía nada más que hacer le dije que sí, pero, en lugar de ir andando, me cogió del brazo y echó a correr tan rápido que en varias ocasiones estuve a punto de tropezar. El paisaje rural del condado pasaba a mi lado como un borrón en el que no podía distinguir más que la forma de los árboles y la carretera que desaparecía a nuestra derecha según nos alejábamos de dónde estaban las casas, por un camino de tierra. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho y mi piel seguía tirante por la operación. No creía que correr fuese una buena idea, pero ya estaba lo suficientemente lejos como para girarme y volver a casa, la que sabía que no podría encontrar sola.
Antes de poder seguir con pensando, paró en seco, dejándome ver por primera vez dónde estábamos. Era un bosque en cuesta, en el que en río salía por debajo de las piedras y se volvía a esconder, para resurgir más adelante, formando corrientes. El verde estaba en todas partes: en los árboles, mezclado con la tierra y en todas las plantas que habíamos visto hasta llegar hasta allí. Era un lugar impresionante.
No pude evitar mirar en todas direcciones con los ojos desorbitados y él soltó una carcajada al ver mi cara. A continuación, me cogió de la mano y tiró de mí hacia arriba de la colina hasta llegar a uno de los arbustos que rodeaban a los árboles y, al girar, señaló con la mano que le quedaba libre una gruta que se escondía en la tierra y que era lo suficientemente grande como para que cupiesen al menos a treinta personas. Ambos entramos sujetándonos en los huecos de las rocas y nos quedamos en la entrada porque era el único sitio al que llegaba la luz del sol.
- Este lugar es secreto,- me dijo - no se lo puedes decir a nadie.
- No se lo diré a nadie, te lo prometo. - Entonces miré hacia la oscuridad y por primera vez se me ocurrió que pudiese haber bichos o incluso algún pequeño animal, aunque esta vez no sería la primera en asustarme.
- Al menos aquí podremos hablar de lo que dicen que tenemos que hacer. ¡Cómo si ya no tuviésemos suficientes responsabilidades!
- Lo sé - le respondí y me reí mientras me alejaba de él para explorar. Había visto un reflejo de luz en el fondo y necesitaba saber qué era.
- ¿A dónde vas? - me preguntó y antes de que pudiese darme cuenta, estaba detrás de mí, me giré hacia él y nos tropezamos. - Eres muy torpe.
- Tú también, Aaron. – Le contesté, tratando de buscar el reflejo, que había desaparecido, y al mirar hacia la salida vi que ambos nos habíamos alejado demasiado y ese lugar empezó a darme miedo y ya no me sentía tan valiente como al principio. - Quiero volver a casa.
Entonces volvió a cogerme del brazo y nos dirigimos a la salida. A la vuelta pude ver el camino con más detalle a pesar de que ya había empezado a atardecer y el cielo estaba completamente cubierto. Había casas de madera y de piedra, mucho más antiguas que las anteriores y rodeadas de malas hierbas. Siguiendo el camino junto a la carretera estaba nuestro colegio, que era mucho más alto de lo que era al que solía ir en Madrid y no tenía ninguna valla para atrapar dentro a los niños.
Nuestras casas se encontraban a cinco minutos de allí y había empezado a hacer cada vez más frío, y cuando me giré a mirar a Aaron vi que sus hombros también estaban temblando. Un coche negro empezó a acercarse desde el otro lado de la carretera y pasó junto a nosotros, haciendo que tuviese que pegarse a Aaron para que no me atropellase.
Era la primera vez que estaba tanto tiempo sola y fuera de casa, así que solo pensar que ese coche se parase cerca de dónde estábamos hizo que me entrasen ganas de gritar. Además de que al ver reflejado el mismo miedo en los ojos de Aaron, aceleramos el paso hasta llegar y despedirnos antes de entrar en nuestras casas.
Aaron
La primera semana de colegio llegó demasiado pronto, como todos los años. Con una simple diferencia. Tuve que acompañar a la chica nueva, que solo estaba en Benedict desde hace unas semanas y me gustaba bastante más que mucha gente.
Izzy entró en el instituto solo conociéndome a mí de todas las personas que estaban en el edificio, y salió rodeada de amigos y habiéndose apuntado a clases de ballet a las que iban esas niñas pijas de las casas reformadas del otro lado del condado. Al verla junto a tantas personas, no pude evitar pensar que ahí iba mi nueva amiga, solo que al verme, subió la cabeza y sonrió, mientras que los demás hicieron como si no estuviera cerca y empezaron a irse.
En ese lugar maldito al que me obligaban a ir a diario, solo había dos personas de confianza, mis amigos Albert y Carl, y ahora, Izzy, que vino hacia mí absolutamente entusiasmada y durante todo el camino a casa me estuvo contando su día con todo lujo de detalles. Pero desgraciadamente mi capacidad de atención no suele superar más de un minuto y medio, sin que esta ocasión fuese diferente.
Durante esos días, ninguno de los dos habíamos vuelto a soñar con esa mujer y no teníamos nada más que esa marca en el lado izquierdo de la tripa para hacernos creer que había sido real. Y a veces, durante mis clases, dibujaba monstruos que creía que podríamos encontrar y que nunca les enseñaba a nadie, porque no había nada que me gustase más que pasar las horas soñando despierto.
Cuando ya había pasado un mes, esperaba con impaciencia que llegasen las vacaciones de Navidad. Ese curso estaba con los mismos profesores que me vigilaban durante toda la hora y me preguntaban porque sabían que nunca tenía la respuesta.
Un día como los de más estaba tumbado en la cama para dormir, con los ojos abiertos mientras miraba caerse la pintura gris del techo y mi visión se oscureció en un segundo, hasta que aparecieron cientos de imágenes, pasando una detrás de otra, sin que pudiese hacerlas parar. Me estaban mareando. Cuando terminaron, me quedé en la misma posición en la que estaba y tragué saliva para reprimir las ganas de vomitar, después solo apreté los ojos y vi la primera de ellas, como si se hubiese convertido en un recuerdo que podía seleccionar de entre todos los demás: en él había un hombre de unos treinta años, con la nariz casi puntiaguda y el pelo largo y oscuro, junto a una puerta, y detrás, una mujer pelirroja que solo observaba cómo él trataba de abrirla, a pesar de que no tenía pomo. Aunque eso no parecía un problema para él. Movió la mano y justo enfrente, había una figura forjada en la madera, una especie de pájaro cuyas partes empezó a doblar sobre sí mismas y girar hasta formar un rombo del que tiró hacia fuera, lo que hizo que la puerta se abriese y toda la luz, que les deslumbró, lo inundara todo.
Parecía que la forma de abrir las puertas era la misma en todos los recuerdos, aunque ni estas, ni las personas que las abrían, siempre un hombre y una mujer, fuesen los mismos en más de un recuerdo. Tenía que contárselo a Izzy.
Con la palma de mi mano apreté en la marca de nacimiento con tanta fuerza que tuve que apretar los dientes para soportar el dolor.
Al menos sabía que si ella estaba durmiendo antes, ya no seguía haciéndolo. Por eso salí de mi habitación en pijama, bajé las escaleras y crucé el salón a oscuras, hasta salir de casa y dar la vuelta a su jardín para tirar piedras a su ventana, también en el segundo piso.
Ella abrió la ventana, somnolienta y me miró con odio.
- Tengo que contarte algo - le dije no muy alto para evitar despertar a sus padres.
- ¿No puedes hacerlo por la mañana? - Me preguntó molesta y cuando vio que estaba empezando a impacientarme, negó con la cabeza y supe que había ganado. - Sube por el árbol y salta hasta la ventana.
Se había vuelto loca, el árbol estaba a casi un metro de la ventana y podría matarme, pero si no lo intentaba me tacharía de cobarde para siempre. Ignorando a mi lógica, lo escalé hasta estar en frente de ella y me impulsé hacia delante e Izzy me cogió de los brazos, logrando milagrosamente que no me matase por caer al vacío.
Ya dentro, se sentó en la cama y esperó con los brazos cruzados a que se lo contase, y así lo hice. Su gesto fue cambiando poco a poco hasta que estuvo tan entusiasmada como yo.
- ¿Por qué yo no he visto nada? - Me preguntó mientras se pasaba la mano por encima de la marca, que seguramente le seguía doliendo por mi culpa y mentiría si dijese que eso no me hizo sentir algo culpable. Solo un poco.
- A lo mejor lo haces mañana o pasado.
- Sí, a lo mejor. - Parecía que se estaba poniendo triste y no podría soportar otro momento incómodo como el del hospital.
- Bueno, tengo que irme. - Me giré y vi que desde la ventana el salto no parecía tan difícil, así que me impulsé, consiguiendo llegar por los pelos y conseguí agarrarme a las ramas para bajar lentamente, hasta entrar en casa con sigilo y subir a mi habitación. En mi casa a nadie le importaba lo que hiciésemos mi hermano o yo, así que podía hacer lo que quisiese las veinticuatro horas del día, siempre que fuese al colegio y no repitiese curso.
Mis padres habían muerto en un accidente de coche cuando Peter tenía siete años y yo cuatro, por lo que ni siquiera les recordaba. Mi hermano decía que con ellos las cosas estaban bien, teníamos un hogar de verdad e importábamos y después siempre me repetía que nos tendríamos el uno al otro. Que nos metiésemos entre nosotros casi siempre no significaba nada, era lo que hacían todos los hermanos.
Una vez Izzy me preguntó por qué nos hablábamos así y simplemente me encogí de hombros porque una hija única nunca lo entendería, además de que no creía que tener una hermana fuese igual que un hermano y a pesar de las insinuaciones estúpidas de Albert, era lo que ella era para mí. Mi hermana pequeña de otros padres, forrados de dinero, que siempre me daban la bienvenida al verme como si fuese su hijo perdido. Y a veces me gustaría serlo.
¡El rompecabezas mecánico ya está a la venta!
¡Hoy es el gran día! ¡El rompecabezas mecánico está a la venta en Amazon! Dar el salto a la publicación o simplemente decidirse a publicar es complicado y no puede hacerse a la ligera.
Piensas: ¿Gustará mi libro? ¿Lo promocionaré lo suficiente? o ¿Y si la historia no es tan buena como pensaba? Pero lo más importante es que creas en tu trabajo lo suficiente como para que eso no te preocupe y te lances si ese es el caso.
Como ya os conté en una ocasión, Amazon tiene dos plataformas de autopublicación, el KDP (en Kindle) y CreateSpace (versión en papel). Antes de publicar, había oído muy buenas opiniones de ambas, pero si al final me he decidido por el KDP ha sido porque en la era digital es perfecta para que llegue a otros mercados que no sean solo el nacional. Aunque, no me malinterpretéis, no hay nada mejor que un libro en papel y, por eso, quizás me decida en algún momento, depende de las ventas de la versión Kindle, a publicar mi libro también en CreateSpace. En ese caso, solo habría que abonar una cuarta parte del precio, si lo que tienes es la versión en papel, para tener la versión digital.
Mi experiencia autopublicándolo ha sido agridulce. En parte ha sido sencillo, pero a lo mejor porque lo he hecho con la ayuda de un amigo. A veces me daba la sensación de que incluía información a tientas y rezaba internamente por estar haciéndolo bien, eso ya me lo diréis vosotros.
Os dejo el enlace a El rompecabezas mecánico, la sinopsis y volveré a subir los primeros capítulos (por aquí, porque mi cuenta de Wattpad sigue inaccesible).
Aaron e Izzy se verán obligados a crecer más rápido que los demás para enfrentarse a un juego que en un principio parecía una simple aventura y que acabará siendo una cuestión de supervivencia. Por riqueza y poder. Por controlar el pasado, presente y futuro. Y que puede acabar con los diferentes universos con tan solo cruzar una puerta.
Varios años antes, una joven que ansía la vida que le ha sido negada ve la posibilidad de hacerse fuerte a través de los portales. Arriesgarse deja de ser importante cuando el premio por vencer es tan grande.
Un saludo.
Piensas: ¿Gustará mi libro? ¿Lo promocionaré lo suficiente? o ¿Y si la historia no es tan buena como pensaba? Pero lo más importante es que creas en tu trabajo lo suficiente como para que eso no te preocupe y te lances si ese es el caso.
Como ya os conté en una ocasión, Amazon tiene dos plataformas de autopublicación, el KDP (en Kindle) y CreateSpace (versión en papel). Antes de publicar, había oído muy buenas opiniones de ambas, pero si al final me he decidido por el KDP ha sido porque en la era digital es perfecta para que llegue a otros mercados que no sean solo el nacional. Aunque, no me malinterpretéis, no hay nada mejor que un libro en papel y, por eso, quizás me decida en algún momento, depende de las ventas de la versión Kindle, a publicar mi libro también en CreateSpace. En ese caso, solo habría que abonar una cuarta parte del precio, si lo que tienes es la versión en papel, para tener la versión digital.
Mi experiencia autopublicándolo ha sido agridulce. En parte ha sido sencillo, pero a lo mejor porque lo he hecho con la ayuda de un amigo. A veces me daba la sensación de que incluía información a tientas y rezaba internamente por estar haciéndolo bien, eso ya me lo diréis vosotros.
Os dejo el enlace a El rompecabezas mecánico, la sinopsis y volveré a subir los primeros capítulos (por aquí, porque mi cuenta de Wattpad sigue inaccesible).
Aaron e Izzy se verán obligados a crecer más rápido que los demás para enfrentarse a un juego que en un principio parecía una simple aventura y que acabará siendo una cuestión de supervivencia. Por riqueza y poder. Por controlar el pasado, presente y futuro. Y que puede acabar con los diferentes universos con tan solo cruzar una puerta.
Varios años antes, una joven que ansía la vida que le ha sido negada ve la posibilidad de hacerse fuerte a través de los portales. Arriesgarse deja de ser importante cuando el premio por vencer es tan grande.
Un saludo.
sábado, 25 de junio de 2016
¡Mi primer libro está en preventa!
Hace tiempo que os dije que planeaba publicar mi primer libro con Amazon y por unas cosas u otras lo fui retrasando, pero ya no voy a esperar más. Este no es el primer libro que he escrito, pero sí uno que me ha encantado escribir y del que ya publiqué por aquí y en mi cuenta de Wattpad los tres primeros capítulos. "El rompecabezas mecánico".
Esta es la sinopsis: Aaron e Izzy se verán obligados a crecer más rápido que los demás para enfrentarse a un juego que en un principio parecía una simple aventura y que acabará siendo una cuestión de supervivencia. Por riqueza y poder. Por controlar el pasado, presente y futuro. Y que puede acabar con los diferentes universos con tan solo cruzar una puerta.
Varios años antes, una joven que ansía la vida que le ha sido negada ve la posibilidad de hacerse fuerte a través de los portales. Arriesgarse deja de ser importante cuando el premio por vencer es tan grande.
Esta es la sinopsis: Aaron e Izzy se verán obligados a crecer más rápido que los demás para enfrentarse a un juego que en un principio parecía una simple aventura y que acabará siendo una cuestión de supervivencia. Por riqueza y poder. Por controlar el pasado, presente y futuro. Y que puede acabar con los diferentes universos con tan solo cruzar una puerta.
Varios años antes, una joven que ansía la vida que le ha sido negada ve la posibilidad de hacerse fuerte a través de los portales. Arriesgarse deja de ser importante cuando el premio por vencer es tan grande.
Es de género juvenil pero lo pueden leer personas de todas las edades, es acción rápida, con romance y aventuras. Y no solo espero que os guste, espero que os encante, que veáis más allá del bueno y del malo.
Ya haré otra entrada para contaros el proceso de publicar en el KDP (en versión Kindle) de Amazon. ¿Por qué este formato? Porque en la era de la tecnología y al ser el primero publicado me parecía una buena manera de comenzar.
Espero que tengáis un gran sábado.
Un saludo.
domingo, 27 de diciembre de 2015
Continuación del primer capítulo de El Rompecabezas Mecánico
Aquí teneis el enlace al primer capítulo:
http://traduccionesehistorias.blogspot.com.es/2015/11/el-titulo-la-sinopsis-y-el-primer.html
https://www.wattpad.com/185495552-el-rompecabezas-mec%C3%A1nico-cap%C3%ADtulo-1
Y esté es la segunda parte. Felices fiestas y a disfrutar de estos días.
http://traduccionesehistorias.blogspot.com.es/2015/11/el-titulo-la-sinopsis-y-el-primer.html
https://www.wattpad.com/185495552-el-rompecabezas-mec%C3%A1nico-cap%C3%ADtulo-1
Y esté es la segunda parte. Felices fiestas y a disfrutar de estos días.
Isabelle
Aaron
Salzberg quería respuestas. Me miraba con los ojos entrecerrados y quizás esperaba
que yo le dijese algo que Julia, la señora que apareció en mi sueño, no le
hubiese dicho.
Y
aunque los segundos seguían pasando él no decía nada.
-
Aaron, ¿te pasa algo? - le pregunté para ver si así reaccionaba. Era el chico
más raro que había conocido nunca.
Él
dio un paso hacia la cama y se paró junto a mis pies.
-
Isabelle - dijo mi nombre en voz alto y asentí.
Solo
llevaba día y medio en ese pueblo y ya quería volver a casa. Al apartamento que
teníamos en Madrid, España, el país en el que mi madre y yo habíamos nacido,
pero el trabajo de mi padre nos arrastró a ese condado tenebroso y oscuro,
rodeado de casas salidas de las películas de terror que siempre había visto a
escondidas, mientras mis padres fingían no saber que me sentaba en las
escaleras y miraba entre los huecos de mis dedos, lista para correr de vuelta a
mi cuarto si tenía demasiado miedo. Harás cientos de amigos, dijo mi padre
antes de venir, seguramente porque no sabía que no había tantos niños en todo
Benedict. Al menos podía dar las gracias de que mis padres me hubiesen hablado
en inglés durante toda mi vida, mi padre con su acento de Sussex y mi madre con
el español, lo que me permitía mezclarme y entender a la gente del Norte de
Inglaterra.
Sin
querer, se me escapó un sollozo antes de que pudiese seguir fingiendo que
estaba contenta de estar allí. Las lágrimas empezaron a resbalar por mis
mejillas y bajé la cabeza para que quedase en cierta forma oculta por mi pelo
corto. No obstante, él seguía mirándome, lo que me hacía sentir aún más
incómoda y llorar con más fuerza.
Entonces
le oí acercarse y me tocó el brazo.
-
¿Por qué lloras? - me preguntó serio.
Yo
intenté apartar las lágrimas con las palmas de las manos, torpemente, mientras
le miraba y me daba cuenta, por primera vez, de que sus ojos eran verdes y
moteados. Si llevaba sorprendiéndome cada vez que miraba a alguien a los ojos
era también porque procedía de un país en el que la mayoría de la gente, con
pocas excepciones como yo y mi madre, que teníamos los ojos de un marrón
verdoso, tenían los ojos oscuros.
-
Da igual, - le contesté con demasiada brusquedad, teniendo en cuenta de que se
estaba preocupando por mí y no me conocía. - Solo quiero volver a casa, no
encajo aquí.
-
Llevas un día, Isabelle.
-
Izzy, llámame Izzy. Sí, lo sé, pero no conozco a nadie y llevo dos días sin ver
a mi padre porque está trabajando y...
De
nuevo, me puso la mano en el hombro para tratar de hacerme sentir mejor. Y así
fue.
-
Sí que conoces a alguien, seamos amigos. - Aaron fue a coger algo de dónde
deberían haber estado sus bolsillos, pero entonces se dio cuenta de que llevaba
todavía la bata del hospital y sonrió.- Cuando volvamos a casa te enseñaré el
condado y verás que no es tan malo como parece, ¿vale?
Yo
asentí tímidamente, tanto agradecida como avergonzada por haberme puesto a
llorar como una niña pequeña. Entonces él se giró para volver a su habitación.
-
Aaron, - le llamé y se giró, esta vez forzando una sonrisa - gracias.
Sin
embargo, no me contestó y salió cerrando la puerta.
El
crujido de la madera, me hizo pensar en la del despacho de mi sueño y,
aprovechando que estaba sola, abrí la bata que llevaba, para ver mi marca de
nacimiento. La toqué ligeramente con los dedos y cuando sentí que ardía,
presioné con fuerza hasta oír un golpe desde la habitación de al lado. Miré
hacia la pared sin entender, ¿por qué había hecho eso? Entonces apareció de la
nada un dolor intenso en ese mismo lugar, justo donde me habían operado.
-
Izzy - oí a través de la pared y salí de la cama para sentarme en la esquina-
¿has sentido eso?
-
Sí, no lo entiendo.
-
Todo saldrá bien, lo descubriremos.
Su
voz comprensiva y sus palabras de ánimo me habían hecho sentir otra vez segura,
por eso me quedé ahí hasta que mi madre abrió la puerta y me cogió de los
brazos para ayudarme a subir de nuevo a la cama. Después me miró preocupada y
me acarició la mejilla.
-
Mamá, no vas a creer esto, - siempre le había contado todo a mi madre y esta
vez no iba a ser diferente - una señora se nos apareció en sueños a Aaron y a
mí, y tenemos que ayudar a mantener el orden de todos los universos que existen,
y estamos conectados por nuestras marcas de nacimiento, y...
-
Izzy, tranquilízate. - Bajó la mirada a su regazo y sonrió. - Me alegro de que
te hayas hecho amiga del vecino, pero tienes que descansar, cariño. Cuanto
antes te mejores, antes podremos volver a casa.
Mi
madre no quería escuchar todo lo que había aprendido desde que llegamos, sin embargo,
tenía razón y en menos de veinte minutos estaba dormida otra vez. En vez no
soñé nada y me desperté sintiéndome decepcionada aunque contenta, porque justo
entonces entró un médico en la habitación para decirnos que ya me habían dado
el alta. Era un señor alto y delgado, con la barba corta y canosa, y gafas.
Una
enfermera vino después a traerme mi ropa y en menos de veinte minutos ya
estábamos en casa, igual que Aaron, porque el coche gris oscuro de su familia
estaba aparcado en la entrada. Miré a mi madre y, sin decirle nada supo lo que iba
a preguntarla y asintió, soltándome la mano para que pudiese ir a buscarle,
además de hacer que no tuviese que pasar de nuevo la tarde sola con mis
muñecas.
Subí
las escaleras que llevaban a su entrada y llamé a la puerta, que abrió un
adolescente que se parecía a Aaron, aunque sus ojos fuesen marrones y su pelo
un poco más claro.
-
Hola, soy la vecina de al lado. He venido a ver si Aaron ya estaba en casa.
Él
me sonrió como solían hacer los adultos cuando creían que había hecho algo
bien, haciéndose a un lado después, segundos antes de que Aaron viniese
corriendo desde el interior de la casa, donde la luz iluminaba un largo pasillo
aunque creando sombras, y me cortase el paso.
-
Voy a enseñarle Benedict, dile a la tía que estaré aquí para la cena.
-
No soy tu mensajero,- le contestó su hermano y cerró la puerta de un portazo.
Empezamos
a caminar por la calle y estuvimos en silencio hasta que giramos la esquina.
-
Voy a llevarte a un sitio en el que me escondo cuando no quiero estar en casa,
¿Quieres que te lo enseñe?
sábado, 28 de noviembre de 2015
¡Por fin terminé el NaNoWriMo!
Mirad a
la izquierda, ¿veis que ahora en el gadget
de NaNoWriMo pone Winner? Pues estoy orgullosa de anunciar que no he ganado
oficialmente el concurso más allá de la victoria personal que significa llegar a las 45000 palabrasaproximadamente, bastante más de lo que he escrito jamás. A veces la historia no da más de sí y este es exactamente uno de esos casos.
Este mes ha sido
agotador, sobre todo porque de no tener tiempo, tenía todavía menos, pero ha
valido la pena porque en tres semanas (empecé tarde el concurso) he escrito una
novela y he completado prácticamente la primera fase de la revisión: releer y
transformar las frases, ajustando la historia a los cambios que has ido
haciendo durante todo el proceso. Todavía no sé ni cómo he conseguido hacerlo sin quedarme sin tiempo libre.
Mi deseo de autopublicarla cuando esté lista no ha cambiado
y cada vez falta menos para que podáis disfrutarla tanto como yo lo he hecho al
escribirla. Me he reído y mis ojos se han llenado de lágrimas en muchas
ocasiones, porque soy sentimental y porque como todos los escritores, disfruto
haciendo pasar a mis personajes por situaciones difíciles. Podría seguir
intentando daros pistas sin desvelar nada, pero ahora mismo me va a explotar la
cabeza. Llevo toda la tarde corrigiendo y me quedan 14 páginas, quizás las más
complejas e intensas de toda la novela, ya comprenderéis por qué.
En breve os pondré la siguiente parte del primer capítulo
por aquí y en Wattpad.
Un saludo.
viernes, 27 de noviembre de 2015
Autopublicar con Amazon: en papel o en e-book ¿Por cuál decidirse?
Llevo días buscando información
sobre los diferentes tipos de autopublicación que no esté relacionado con
editoriales, para acabar reafirmando mi primera decisión de hacerlo con Amazon.
Aun así, lo que no he encontrado es una comparativa entre Createspace (libros
en papel) y KDP (en Kindle). Por eso he decidido reunir todo lo que he aprendido
en estos días en esta entrada.
La autopublicación es un proceso para todas aquellas personas que prefieren no dejar su obra, por la razón que sea, en manos de terceros y aunque eso signifique tener que moverse para promocionarla lo tienen claro generalmente. Hay muchísimas editoriales dedicadas a la autopublicación que suelen tender a la coedición al tratarse normalmente con escritores noveles, cuyas obras tienen un mayor riesgo que las de escritores ya conocidos y, malas experiencias que circulan por todo internet a parte, es otra opción de entre las muchas que existen para compartir tu obra.
La autopublicación es un proceso para todas aquellas personas que prefieren no dejar su obra, por la razón que sea, en manos de terceros y aunque eso signifique tener que moverse para promocionarla lo tienen claro generalmente. Hay muchísimas editoriales dedicadas a la autopublicación que suelen tender a la coedición al tratarse normalmente con escritores noveles, cuyas obras tienen un mayor riesgo que las de escritores ya conocidos y, malas experiencias que circulan por todo internet a parte, es otra opción de entre las muchas que existen para compartir tu obra.
Empecemos con datos
contradictorios. En el mundo editorial las previsiones son claras, el libro
electrónico superará a las versiones en papel aunque, sin embargo, en los dos
últimos años ha habido un mayor índice de ventas en los libros tangibles.
Quizás sea porque la versión en papel tenga solo el 4% de IVA frente al 21% de
la versión electrónica, o porque tras leer en un lector de libros electrónicos,
sea cual sea la marca o el tipo, pierden el tacto y olor de las hojas. Todo
esto a pesar de que un tomo, pesa y para quien trabaje con su ordenador y tenga
que transportarlo, cada gramo cuenta.
Dicho esto, hablemos de Createspace y KDP. Createspeace es
una plataforma que, al igual que KDP, cuenta con la mayoría de valoraciones
positivas por parte de sus usuarios. Al ser una plataforma de impresión bajo
demanda es totalmente gratuito y los derechos de autor son de un 60% o 70%
frente al 30% o 70% de KDP. Ahora, todo apunta a que maquetar una edición
en papel es mucho más complicado y aunque la página te guíe durante todo el
proceso, crear el diseño del lomo, de la portada y elegir el formato correcto
de las páginas. Estas mismas dificultades surgen para editar el libro digital,
pero hay muchos menos pasos y tan sencillos como subir el archivo, poner el
nombre, portada y sinopsis. En ambos casos, podrás subir el archivo en
múltiples formatos y la portada será de muy buena resolución aunque por defecto
se exportará en 300 dpi.
Con respecto al tiempo en el que estará disponible en la
web, en KDP serán 48 horas si el libro está escrito en otro idioma que no sea
el inglés y, a través de Createspeace, en 4-5 días. Los dos con la misma
protección de la autoría de la obra a través de un ISBN que te proporcionará
Amazon.
La única contrapartida es que esa obra estará para siempre
disponible en Amazon, un inconveniente frente a gran cantidad de
ventajas.
Espero que os haya gustado la entrada y, si es así,
compartid, para que le llegue a más gente que quizás se esté preguntando qué
hacer o quiera saber más del tema.
Un saludo.
martes, 17 de noviembre de 2015
Los personajes son tan humanos como nosotros o cuando la complejidad hace que todo sea posible
Lo más extraño es que en esta obra en
particular, «El rompecabezas mecánico» para los que no hayáis leído la entrada
anterior, cosa que os animo a hacer, no puedo evitar dudar antes de escribir un
diálogo que ahonde en el personaje que habla o una acción determinada. Quizás
sea porque el ser humano es impredecible: no siempre es siempre valiente ni
siempre cobarde, cualquier persona puede ser un héroe por un día y os aseguro
que en mi historia tienen que hacer frente a todo tipo de acontecimientos. Amo
hacerles sufrir, soy así de cruel.
Ahora llevo casi 29 000 palabras y les
siento vivos. Lo que es algo extraordinario porque esta es de las pocas veces,
por no decir la primera, que puedo ser consciente de que la figura del héroe,
igual que nos pasa a las personas, va formándose a lo largo de la vida y aunque
la vida le atice una y otra vez, vuelve a levantarse con un poco más de
coraje.
Un saludo.
domingo, 15 de noviembre de 2015
El título, la sinopsis y el primer capítulo (o 25 000 palabras más tarde solo me quedan otras 25 000)
Hoy es el gran día. Por fin he conseguido escribir la primera mitad de la novela y digo conseguido porque estos últimos días me ha costado especialmente seguir. Pero aquí estoy, con lo prometido: me alegra presentaros "El rompecabezas mecánico".
Dos niños deberán crecer más rápido que los demás para enfrentarse a un juego mortal entre universos paralelos. Por riqueza y poder. Por controlar el pasado, presente y futuro. Y que puede acabar con el mundo conocido con solo cruzar una puerta.
Una vez despierten sus habilidades ya no habrá vuelta atrás, ¿Qué quedará de ellos tras una vida entera aprendiendo a descifrar las reglas?
¿Intrigados? Os dejo la primera parte del primer capítulo, registrado junto al título y la sinopsis en Safecreative, y podéis decirme qué os parece en los comentarios. Las siguientes tres partes había pensado colgarlas en simultáneamente aquí y en Wattpad.
Un saludo.
Aaron
El día
que se mudó a Benedict, Inglaterra, sentí como si me diesen una patada en el estómago.
El dolor se concentró en uno de los lados y mi hermano Peter, tres años mayor
que yo, me insultó y se rió hasta darse cuenta de que no estaba bien y llamó a
mi tía Agnes, que era enfermera. Siempre solía llevar uno de esos delantales
horteras cuando estaba en casa y estaba obsesionada con coleccionar palitos de
ambientador con olores “exóticos” y los repartía por toda la casa.
- No tienes nada- dijo con su
voz aguda, que Peter y yo decíamos que se parecía
al sonido que hace una pizarra cuando la arañabas.
- Pero me duele - insistí
y tras suspirar, se decidió a llevarme al hospital. Me cogió del brazo para
dirigirme hacia el coche como si hubiese perdido la facultad de andar y
cruzamos la puerta que salía al jardín de nuestra casa, de tablas de madera
pintada de un verde que la diferenciaba de todo el vecindario y eso hacía que
la gente la mirase intentando entender el porqué, cuando las cosas eran mucho más
simples, a mi tío Mark no le gustaba el azul o blanco del resto porque decía:
- Primero cedes en esto y
luego creerán que serás su esclavo. Vendrán a
tu casa y robarán tu comida, tus muebles… Nunca seas el primero en rendirte
Aaron.
Tendría
12 años, pero no era tan estúpido como para hacerle caso a un hombre que vivía
del sueldo de su mujer y solo se movía del sofá para trapichear. Todos sabían
que era el camello del condado, era un secreto a gritos. Además, aunque Agnes
tuviese los agujeros de la nariz demasiado grandes y los ojos saltones, al
menos no era obesa y su olor corporal dejaba mucho que desear.
Al salir al jardín,
me fijé por primera vez, en el camión de mudanza y junto a él, había una niña,
de pelo corto castaño con un chaleco gris que no había visto antes. Solo tuve
dos segundos de tregua antes volver a sentir ese dolor punzante, que hizo que
la niña se llevase la mano a la boca y abriese mucho los ojos, mientras me
arrastraban al coche y mi tía cerraba la puerta de un portazo.
Durante el camino, ni
siquiera me dirigió la palabra y lo agradecí porque no
me apetecía tener que soportar que se creyese superior a todos, menos viniendo
de una mujer con unos cambios de humor que volverían loco a cualquiera,
causados por su obsesión por las pastillas adelgazantes experimentales.
El doctor de guardia,
Robner, nos saludó a cada uno con un abrazo y me cogió
en brazos hasta dejarme en la camilla. Tras una resonancia y palpar el foco del
dolor, que era exactamente dónde se encontraba mi marca de nacimiento, decidió
que tenía Apendicitis. Apendicitis.
- Estoy perfectamente- le
gruñí porque era lo máximo que el dolor me permitía hablar. Estúpido
apéndice. Solo sabía lo que era porque a dos chicos de mi clase se lo habían
extirpado, pero eran el tipo de chicos que seguramente se lo hubiesen pateado
mutuamente con el fin de no volver a clase en una semana. Espera, caí en la
cuenta entonces de que no tendría que volver a ir al colegio en una semana y
era mi último año en ese sitio, así que sonreí y las palabras que salieron de
mi boca les hicieron a ambos fruncir el ceño, porque quizás vieron, si no lo
habían hecho ya antes, el destino que me esperaba.
- Vacíeme
entero para que no tenga que ir a ese agujero del infierno al que llaman
colegio.
Tres horas y muchos
tranquilizantes después, me dejaron en una cama que no
estaba nada mal, en la que me quedé dormido. Lo peor fueron los sueños que no
pude entender. Había una voz que me llamaba en mitad de un descampado oscuro,
en mitad de la nada y que se materializó, entre sombras, al final de este y me
hizo un gesto para que me acercase mientras su imagen parpadeaba. Yo negué con
la cabeza y ella desapareció para estar de pronto frente a mí y cogerme por los
hombros, transportándome a un despacho y dejándome caer en la silla en frente
del escritorio en la que se sentó.
- Siento todo el espectáculo,
pero quería conseguir tu atención.
- ¿Quién
eres? - le pregunté a la mujer mientras me fijaba en ella por primera vez.
Llevaba un traje de chaqueta gris y sus ojos azules transparentes me escrutaban
de una forma que nadie lo había hecho antes, intentando averiguar si valía.
Porque en un condado como el mío, nunca había nadie nuevo para tener una
segunda impresión.
- Te equivocas, - me dijo,
respondiendo a mis pensamientos - sí
que lo hay y esa es la clave de la cuestión. Hoy has despertado, estaba escrito
que lo hicieses de una forma u otra, pero hemos tenido que interceder para que
conozcas a tu compañera antes de tiempo.
- ¿Mi
qué?
- Voy a explicártelo
de una manera en la que lo entiendas. Hay personas normales y otros que tienen
el equilibrio del mundo en sus manos, tú y yo somos de esas personas. Seguro
que en alguna de tus clases te han explicado que este es el planeta Tierra.
- No soy estúpido
-la interrumpí.
- Perfecto,- contestó
sin humor - pues igual que existe nuestro planeta y el universo en el que se
encuentra, hay millones de reproducciones del mismo, algunas parecidas y otras
no. Y nosotros, la gente como tú y yo hemos nacido con la capacidad y el deber
de cuidar que las puertas que unen un universo y otro, estén seguras y
cerradas.
- Este es el sueño
más raro del mundo.
- Si no me crees, cuando
despiertes ve a la habitación de al lado, llama a
la puerta y verás a Isabelle, tu nueva vecina, tendida en la cama por otro caso
de apendicitis. - Niega con la cabeza, divertida - Tus médicos os han quitado
un órgano solo porque no se han dado cuenta de que al estar cerca, ambos habéis
despertado de manera anticipada.
Entorné
los ojos y me crucé de brazos.
- ¿Y
por qué ahora? ¿Por qué habéis “intercedido”? - odiaba su forma de explicar las
cosas porque parecía querer hacerse la inteligente.
Ella sonríe,
al darse cuenta de que recuerdo sus palabras.
- Las personas que iban
antes de vosotros están muertas y eso me obliga a buscar
alguien que os remplace hasta dentro de tres años, como lo indica el reglamento.
Pero necesito que cuando entréis en servicio, estéis
preparados.
Yo también
sonreí porque aunque todo pareciese una locura, había conseguido intrigarme.
- Ahora vete, busca a la
chica. Ella y yo acabamos de tener esta misma conversación.
Antes de que pudiese
preguntarle nada más, me echó del sueño y desperté de
golpe en la cama. Al doblarme hacia delante, mi cuerpo recién salido de una
operación me torturó con un dolor que no debería tener que volver a sentir.
Entonces respiré hondo y abrí las sábanas, para levantarme lentamente y
demostrarme a mí mismo que todo había sido un sueño.
Avancé, con cuidado de no hacer ruido, y tiré del pomo hacia dentro antes de
parar al oír la voz de mi tía desde la habitación de al lado. Negué con la
cabeza para mí mismo y me quedé quieto para ver qué decían o si se iban.
- Seguro que mi sobrino y tu
hija se hacen amigos, tienen casi la misma edad.
Soy capaz de hacer amigos
solo, gracias.
- Sería
genial, - contestó una mujer con voz dulce - Isabelle - me encogí en cuanto
dijo su nombre - todavía no conoce a nadie y esta es la primera vez que se
aleja de sus amigos.
- ¿Por
qué no me cuentas cómo era la ciudad en la que vivíais mientras tomamos un café?
- Le preguntó mi tía y me tensé sin querer al esperar la respuesta de la
desconocida.
- Izzy, cielo, ¿estarás
bien si me voy diez minutos?
La niña debió haber asentido, porque oí la puerta abrirse y
cerrarse y cómo se alejaban. Solo es una chica, me recordé y salí de la
habitación para abrir su puerta lentamente.
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